Asistí el parto de mi nieta

Cuando inesperadamente Paula (XX) vio coronar la cabeza de su nieta, supo que sería ella quien la traería al mundo. Todo ocurrió en cámara lenta. Luego de un puje, ella estaba en sus manos. Paula cortó el cordón umbilical y la limpió. La llamaron Milagro.

*Este testimonio fue publicado originalmente el 10 de mayo de 2018 en Paula.cl, como parte del reportaje visual Chile, país de abuelas (leer reportaje).  

Después de que nació Milagro (9), la profesora y traductora de inglés Paula Sepúlveda (60) estuvo varios meses en shock. Esa mañana la menor de sus tres hijas, María Paz (29), amaneció con fuertes dolores de estómago y vómitos. Era un Día de la Madre y el día anterior habían almorzado en un restorán de mariscos. Paula pensó que María Paz se había intoxicado y llamó a un doctor de la familia, quien le recomendó administrarle un antiespasmódico y sales de rehidratación oral. A las 10 de la noche, con dolores persistentes y calambres, María Paz le dijo a su mamá: “Siento algo duro entre medio de las piernas”. Paula quedó helada, y recordó las veces en las que ella había tenido pérdidas durante un embarazo. “Capaz que sea un fetito”, pensó, producto de una relación de 5 años que había terminado recientemente María Paz. Cuando miro su entrepierna, vio coronar la cabeza de Milagro.

Fue una época difícil para María Paz. Pesaba 114 kilos, se sentía deprimida, había repetido tres veces primero medio y, asegura, no sabía que estaba embarazada. Tampoco lo sospechaban su familia ni sus amigos más cercanos. Paula bajó al primer piso, donde estaba su madre junto a la enfermera que la cuidaba, y pidió ayuda. Al subir a la pieza de María Paz, la enfermera la tomo por detrás, entrelazando sus brazos con los de María Paz. “Ya gordita, estoy lista, puja”, le dijo Paula. Eran alrededor de las 23.30 hrs. “Pujo una vez y Milagro salió. Sentí que todo sucedió en cámara lenta, como cuando muestran en NatGeo una flor abriéndose o un capullo convertirse en mariposa”, recuerda Paula, quien al sostener a Milagro entre sus brazos, recuerda, gritó: “¡Está viva!”. Paula cortó el cordón umbilical con la tijera de la cocina y llamó a una ambulancia. María Paz estaba con los ojos idos, sin decir una palabra, en shock.

Al llegar a la clínica Dávila, María Paz no había expulsado toda la placenta. Ingresó de urgencia a pabellón y, al despertar, tenía una presión de 220/100 y se desmayó, producto de una preclamsia, mientras en Pediatría la temperatura de Milagro comenzó a bajar. Cuando ambas estuvieron estables, se reunieron con Paula en la pieza. María Paz no quería tomar ni darle pecho a Milagro. “La matrona me llamo a un lado y me dijo: ‘tenemos que hacer algo, ella está rechazando a la guagüita, quien necesita estar con su mamá, tomar calostro’, recuerda Paula. “Yo me acerqué a la María Paz y estaba con la mirada fija. Le dije: ‘Gordita, mira que linda tu guagüita. ¿Sabes qué? Tiene frío. Tómala un poquito en tus brazos, que tiene frío’. De ahí nunca más la soltó. No se le iba un detalle. Preocupada de todo, minuciosa. Cuando fuimos al primer control de la Mili, a los 10 días, el doctor le dijo: ‘No me digas que estás haciendo, pero esta guagua está salvaje’. Ella es la mejor mamá que existe en el mundo”, reconstruye, con los ojos brillosos, Paula.

La llamaron Milagro María de Jesús, segundo nombre que comparte con su abuela Paula. Pesó 2,8 kilos y fue inscrita un 13 de mayo, un día después de su fecha de nacimiento real, que es la que eligieron para celebrarla en sus 9 cumpleaños. “Adoro a mis niñitas y a todos mis nietos, pero todos saben que entre la Mili y yo hay algo muy especial. Se me podría haber muerto… no existe nadie más importante en mi vida que ella, y mis hijas me encuentran toda la razón. Ella quiso venir así, en esas circunstancias. Ella es mi milagro, mi compinche, mi cómplice”.