60 horas

Entre la primera contracción de Romina (XX) y el nacimiento de Maika, Romina estuvo a ratos en la tina, su marido masajeo su espalda, prepararon comida, vieron una película, durmieron, prendieron velas y rezaron. Ella le leyó a él una carta, en la que le pedía confianza en su cuerpo y protagonismo durante el parto.

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