A los 16 en soledad, a los 30 en compañía

La primera vez que Karen se convirtió en madre, a los 16 años, recuerda que en el hospital tiritaba de frío y miedo. Por eso, cuando se embarazó por segunda vez, a los 30, se propuso parir protegida por su escudo familiar, entre la calma y calidez de su hogar.

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Resignificar el dolor

Cuando Darline quiso tener a su hijo de manera natural y sin intervenciones médicas, varias personas le dijeron que no sería capaz de parir así. Su trabajo de parto duró 20 horas, en las que logró, asegura, abrazar el dolor: “Cuando te entregas ocurre el trance, tan poderoso, tan fuerte y tan necesario para comprender en lo que te has convertido. Un animal capaz de dar vida”.

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