Resignificar el dolor

Darline Guerra (30), diseñadora de vestuario y profesora de música, y Carlos Arancibia (27), cocinero. Nacimiento de Aukan, 27 de septiembre de 2016.

Este testimonio es parte del reportaje Mamífera, publicado en Paula.cl el 27 de julio de 2017. 
Por Almendra Arcaya L. / Fotografía: Paula Santibáñez (paula.santibanezp@gmail.com).

“Tú eres súper sensible”, “a ti todo te duele”, “no vas a poder parir así”. Eso fue lo primero que le dijo su familia a Darline cuando decidió tener a su hijo en su casa, de manera natural y sin intervenciones médicas, en la compañía de una matrona y a minutos del Hospital de La Florida. “Desde que nacemos nos inculcan el miedo y a desconectarnos de él. Mientras menos lo sintamos, mejor. Cueste lo que cueste. Y ojalá que la guagua salga lo más rápido y lo más indoloramente posible. Nos anestesian, nos llenan la cabeza de fantasmas, de limitaciones. No conocemos nuestro ciclo menstrual y odiamos nuestra menstruación. Somos un género herido”.

Las contracciones de Darline comenzaron un sábado por la mañana y el trabajo de parto el lunes a las 6 de la tarde. Se metió a la tina y comenzó a respirar y vocalizar. A ratos se dormía, hasta que una contracción la levantaba y la hacía pasar sus brazos alrededor del cuello de Carlos, su pareja, para dejarse caer. “Soltar, expandir, soltar, expandir”, pensaba. Luego se colgó de la sábana que amarró en el pasillo de su departamento. “Tiré, tiré y tiré, con todas mis fuerzas. Sentía que las contracciones me tiraban al suelo. Mi cuerpo quería bajar, revolcarse en la tierra y refugiarse en un hoyo”, recuerda. Eran las 4 de la mañana y Aukan no se asomaba. Un par de horas después decidieron irse al hospital. Allí, Darline pidió anestesia, durmió, comió y recuperó fuerzas para pujar. El martes, a las 2 de la tarde, nació Aukan. “Tuve un trabajo de parto de casi 20 horas y lo volvería a repetir. Es un dolor tan distinto a todos los demás que incluso debería tener otro nombre. Tan poderoso, tan fuerte y tan necesario para asimilar lo importante que acaba de pasar, para comprender en lo que te has convertido: un animal capaz de dar vida, de traer a un ser a este mundo. Cuando te entregas, te conectas con el dolor y dejas de resistirte ocurre el trance: no escuchas, no ves. Parir con dolor es morir y nacer de nuevo”.

“Nos anestesian, nos llenan la cabeza de fantasmas, de limitaciones. No conocemos nuestro ciclo menstrual y odiamos nuestra menstruación. Somos un género herido”.

Parto compartido, crianza compartida
Carlos Arancibia (27), pareja de Darline Guerra y papá de Aukan.

Fotografía - Paula Santibáñez (2)
Fotografía: Paula Santibáñez (paula.santibanezp@gmail.com).

“Comienzan las contracciones y me voy incorporando al trabajo de parto. En mi mente están los documentales que habíamos visto, el taller de yoga y de rebozo para control del dolor y la instancia Papi doulo, donde aprendí masajes, preparaciones de hierbas y todo lo que debía o no preguntar. Mi mente está aquí, con Darline y Aukan. En cada posición que ella toma, mi cuerpo se acomoda para que pueda apoyarse en mí. No dejo de hacerle cariño, tomarle la mano o abrazarla. Siempre en contacto. ‘Tú puedes, esto es lo que queremos, vamos a ver a nuestro hijo, ya falta poco’. Me entrego al proceso y trato de sentir lo que ella siente. Empatizo. Su cansancio, su agote. No habría aceptado no participar de este proceso. Lo que provoca en ella la fuerza de cada contracción es sorprendente. La pone en un estado animal. Llevo un día sin comer ni dormir, siento el cansancio. Debemos llevar horas, pienso. No me puedo mantener en pie, pero pronto voy a ver a mi hijo y eso me devuelve la energía. No soy un espectador, soy un participante. Quiero reconstruir la imagen y el rol que tenemos los hombres en la familia. Darline es madre medio día, yo soy padre la otra mitad”.