De cesárea a parto normal

Paula Mogollón (37), ingeniera comercial, doula y medicina placentaria, y Alberto Manso (35), ingeniero comercial. Nacimiento de Pablo, 29 de abril de 2015.

Este testimonio es parte del reportaje Mamífera, publicado en Paula.cl el 27 de julio de 2017. 
Por Almendra Arcaya L. / Fotografía: Marcia Fonseca (marciahaydeephoto@gmail.com / @marciahaydeephoto).

“Después del nacimiento de Diego (5) en Barcelona, un parto de poco más de 40 semanas e inducido con misoprostol, que terminó con dos pinchazos en su cabeza, sufrimiento fetal y una cesárea, me encontré con el mundo del doulaje. Quería entender qué había hecho mal, por qué no dejé que Alberto, mi marido, siquiera me rozara, y cómo podía lograr que mi segundo hijo no pasara por esto. Por el trabajo de Alberto nos vinimos a vivir a Viña del Mar y comencé a trabajar como doula. Esperando a mi segundo hijo participé de un parto natural, de una mamá que había tenido anteriormente cesárea. Información es poder. Dejamos la presión familiar de lado. Es nuestra familia, son nuestros hijos. Monté mi equipo: una ginecóloga, una matrona y dos doulas. Eran las 4 de la tarde. Estaba cumpliendo las 40 semanas y tomando una siesta junto a Diego cuando rompí bolsa. Las contracciones son rápidas e intensas y voy basculando la cadera y agradeciendo lo bendita que es la oxitocina natural por darme esos trocitos de descanso. Diego, de 2 años y 9 meses, está ahí. ‘¿Ya tienes una contracción, mami? Ya puedes gritar mami, ya puedes gritar’, me decía. Era consciente de todo, había aprendido cómo esperar el nacimiento de un hermano con un libro de diálogos e ilustraciones. Quise educarlo, quiero que, si decide tener hijos, empodere a su pareja, la acompañe y vea como algo normal y natural que los bebés nazcan por la vagina. Me quejo, entro en la contracción, respiro y descanso. Repito. Llevo 12 horas. Escucho el sonido de las micros, está amaneciendo”.

Fotografía: Marcia Fonseca (marciahaydeephoto@gmail.com / @marciahaydeephoto).

Fotografía: Marcia Fonseca (marciahaydeephoto@gmail.com / @marciahaydeephoto).

“Ya no tengo voz. Me caigo al suelo, estoy enfadada, frustrada, molesta. Por qué no sales, joder. Me voy a la clínica y recibo la inyección de raquídea. Dormí una hora. Brutal, la anestesia me hizo arrancar y ¡pum!, dilatación completa. Escucho sus latidos, es un caballo galopante. Venga, estoy lista, ya vamos a parir. Pujo, lo estoy dando todo, la fuerza es absurda. Un imán que me tira al suelo. Podría levantar un auto. Salvaje. Yo de cuclillas y al frente, Diego, al lado de la matrona. Alberto y yo estamos conectados al máximo. Me está sujetando con fuerza. Lleva 26 horas despierto. Venga, sufríamos los dos y descansábamos los dos. Aquí afuera es un caos. Adentro, Pablito –hasta entonces desconocíamos su sexo– abriéndose paso con calma. ‘Mira mami, se le ve la cabeza, y ¿por qué tiene sangre?’, pregunta Diego. La matrona le explica. Suelto el control, mi cuerpo puja, lloro de la emoción. Tengo amnesia del dolor”.