Esencia animal

Karen Lira (34), profesora de arte, y Freddy Cerda (37), veterinario. Nacimiento de Alondra, 17 de junio de 2016.

Este testimonio es parte del reportaje Mamífera, publicado en Paula.cl el 27 de julio de 2017. 
Por Almendra Arcaya L. / Fotografía: Sergio Gajardo.

Los preparativos
“El día que nació Alondra yo ya tenía 42 semanas de embarazo y estábamos yendo a la clínica día por medio a control. Ya había abandonado la presión de que parir por cesárea me significaría una frustración. Jueves, 4 de la tarde, 4 de dilatación. No quería un parto teatral, no estaba buscando algo específico. Si nacía de pie, hincada, en la tina o en la pieza, no era relevante. Confiaba en que mi cuerpo encontraría la manera de hacerlo. Freddy había preparado todo. Luces suaves, música, la tina, un aroma a hierbas que inundaba el departamento y unos sánguches y jugos para mi mamá, la matrona y el fotógrafo. Gesticulo, vocalizo, muevo las caderas. El dolor guía a mi cuerpo a buscar maneras de acomodarse. Camino de la pieza al baño, del baño a la cocina y de la cocina al living. Sudo, me quejo, grito un poco. Mis ojos se achican y se agrandan. Dejo de pensar y controlar mi cuerpo. Dejo que todo se vuelva físico”.

Muevo mis caderas. Adelante, atrás, en círculos. Veo el librero en el living y camino hacia él. Me paro al frente y pongo mis manos en una de sus repisas. Subo, bajo, en cuclillas.

La frustración
“Son las 9 de la mañana. Llevo más de 10 horas en trabajo de parto. Tuve una noche de dolor, descanso y dolor. Frío y calor. Agua. Mi cama. Por qué no sale, por qué todo lo que hago no funciona, no sirve. Muevo mis caderas. Adelante, atrás, en círculos. Veo el librero en el living y camino hacia él. Me paro al frente y pongo mis manos en una de sus repisas. Subo, bajo, en cuclillas. ‘¿Estás segura de que no quieres irte a la clínica?’, me pregunta Freddy, mientras veo de reojo a mi mamá. Está asustada, tomándose la cabeza. Yo me alivio porque está y porque su presencia marcará la vida de mi hija desde el momento de nacer. Quería que se convirtiera en abuela de una manera significativa. Algo estoy haciendo mal, algo no está ocurriendo. Pido un tacto. Tengo dilatación completa, pero Alondra no está encajada. Latidos perfectos. Es cosa de tiempo. Avanzo en automático. Vuelvo a la pelea”.

Fotografía - Sergio Gajardo (2)
Fotografía: Sergio Gajardo (sgajardofoto@gmail.com)

Un animal llamado mujer
“Son las 12 de la tarde y llevo más de 15 horas de trabajo de parto. Estoy en el suelo, en cuclillas y semiacostada mirando hacia arriba. Las piernas me tambalean. Mi mamá sostiene la izquierda y Freddy la derecha, haciendo fuerza, mientras yo las retraigo y pujo. Mi matrona está justo al frente. ‘Tú eres la única que puedes sacar a Alondra de ahí, ahora viene’, me dice. Siento su cabeza entre las piernas y el ‘aro de fuego’ del que hablan. Es como una quemadura. Miro mis pechos. Ya hay leche, mucha. Épico. Mi cuerpo es más inteligente que yo. El tiempo avanza más lento. Pujo de nuevo. Alondra sale y, cual pez, comienza a moverse con su boca estirada queriendo encontrarme. Estamos tan habituadas, que olvidamos lo milagroso que es dar vida. Todo mi cuerpo está sensible, abierto, pero yo no lo siento. El departamento hierve entre estufas, guateros y calientacamas. Nos quedamos ahí, los tres, durmiendo. Abrazándonos. Todo lo puedo, que vengan los que quieran. Sublime”.

Fotografía - Sergio Gajardo (4)
Fotografía: Sergio Gajardo (sgajardofoto@gmail.com)